¿El aviso de autenticidad dice si un correo es falso?
Es una pista, no un veredicto: se apoya en lo que comprobó tu proveedor al recibirlo, y solo aparece en las cuentas que MailHub lee de tu servidor.
Funciones
Doce bloques, uno por tarea. Cada uno explica qué es, qué te quita de encima y qué puedes comprobar tú mismo dentro de la aplicación. Sin listas de siglas.
Es el punto de partida de todo lo demás. Conectas tus cuentas una vez —personales, institucionales, de equipo— y desde entonces hay una sola lista donde mirar. Cada mensaje lleva la etiqueta de la cuenta de la que viene, así que nada se confunde y nada pierde su contexto.
La lista se lee desde una copia local, de modo que abrir la aplicación es instantáneo y no depende de que el servidor de correo conteste en ese momento. También puedes lanzar la sincronización tú, con el progreso a la vista, y cada pasada queda en un historial donde se ve qué trajo y qué falló; si algo se alarga, se puede cancelar en lugar de esperar a que termine.
MailHub no se descarga tu buzón. Lo que sincroniza es un índice de cabeceras, y el contenido lo pide a tu proveedor cada vez que abres un mensaje, solo para mostrártelo.
En concreto: de cada mensaje se guardan el remitente, los destinatarios, el asunto, la fecha, la carpeta, el tamaño, el estado de lectura y si trae adjuntos. De los adjuntos, el nombre, el tipo y el tamaño, para poder listarlos. En el correo que recibes, el cuerpo del mensaje y el contenido del archivo no se almacenan: se recuperan en el momento y viven en tu sesión mientras los usas.
Esto tiene una consecuencia que conviene saber: no existe un índice con el texto de tus correos, así que la búsqueda trabaja sobre cabeceras, asuntos y remitentes, nunca sobre el contenido de los mensajes.
Esta es la parte que no resuelve ningún buzón de correo. Cuando envías algo y esperas respuesta, marcas ese mensaje como seguimiento. Desde ese momento deja de vivir en tu memoria y pasa a una lista, que es donde debería estar.
La lista está agrupada por urgencia, no por fecha de llegada: lo vencido primero, después lo que vence hoy, lo próximo, lo que puede esperar y lo que aún no tiene fecha. Las fechas se muestran como se piensan —«venció hace 3 días», «vence hoy»— en lugar de obligarte a calcular. Y si lo que esperabas era una respuesta, el seguimiento se cierra solo cuando esa respuesta llega: la lista se limpia sin que tengas que acordarte de limpiarla.
Un asunto con diez respuestas no debería obligarte a abrir diez ventanas. Las conversaciones se agrupan y se leen de arriba abajo, con los adjuntos donde corresponde. Las imágenes, los PDF, los textos y el audio o el vídeo se abren en una vista previa dentro de MailHub, sin depender de otra aplicación; cualquier adjunto, del tipo que sea, se puede descargar.
Antes de mostrarte nada, el cuerpo del mensaje se limpia y se aísla en un marco sin scripts: se eliminan formularios y marcos, se neutralizan las referencias remotas de estilo y se desactivan los enlaces peligrosos. Las imágenes remotas no se cargan hasta que tú lo autorizas, así que abrir un correo no avisa a quien lo envió de que lo has abierto.
En algunas cuentas, cada mensaje trae además un aviso sobre quién lo envió de verdad: compara el remitente que se anuncia con el servidor desde el que salió, y te dice si parece legítimo, si hay algo sospechoso o si no se pudo comprobar. Es una orientación, no una garantía: está para que mires dos veces algo raro, no para que te fíes a ciegas.
Redactar, responder, responder a todos y reenviar, sin cambiar de ventana ni de criterio según la cuenta desde la que escribas. Cada cuenta puede tener su propia firma automática, que se inserta sola al empezar el mensaje.
Lo que de verdad cambia el día es poder escribir ahora y que salga después: el envío programado deja un mensaje listo para una hora concreta, y todo lo que espera su turno está en Programados, con su hora y sus archivos, para cancelarlo si te arrepientes. Para el envío inmediato hay unos segundos de margen con un botón de deshacer, porque todos nos equivocamos de destinatario alguna vez.
Los archivos que acompañan al mensaje se adjuntan desde el propio editor: se eligen o se arrastran, y cada uno aparece con su peso y con un botón para quitarlo antes de enviar. Los que recibes se ven en el hilo, se previsualizan en los formatos que el navegador sabe mostrar y se descargan siempre.
Un adjunto tiene tope —20 MB en total— porque un correo más grande no llega bien a ninguna parte. Por seguridad no se aceptan programas ni páginas web, que son lo que se ejecuta al abrirlos; si lo que quieres mandar pesa más, la aplicación no lo sube y te enseña las opciones de envío por enlace, con lo bueno y lo malo de cada una, para que decidas tú.
El archivo tiene que estar en algún sitio hasta que el mensaje sale, así que se guarda mientras espera su turno y se borra en cuanto se envía, al cancelarlo o a las 48 horas si nunca sale. De él no queda más que su nombre y su tamaño.
Archivar, devolver a la bandeja, destacar, marcar como leído, mover a una carpeta, marcar como spam o enviar a la papelera. Lo importante no es la lista de acciones, sino que son las mismas en cualquier cuenta: la herramienta se aprende una vez.
Cuando hay mucho que ordenar, se selecciona y se actúa en bloque sobre muchos mensajes a la vez, con el progreso a la vista, la posibilidad de cancelar a mitad y de reintentar lo que falló en lugar de repetirlo todo. Y los filtros se suman: añadir «con adjuntos» a «no leídos» acota el resultado en vez de borrar lo anterior y devolverte a la casilla de salida.
La papelera se vacía solo cuando se lo pides, y vaciarla borra de verdad en el servidor: no es una operación de adorno.
Buena parte de los correos piden una decisión que depende de la agenda: si aceptas, cuándo. MailHub reúne tus calendarios junto a los mensajes para que esa respuesta no exija cambiar de aplicación y volver con la respuesta a medias.
Los calendarios se añaden pegando la dirección que te da tu propio calendario —por ejemplo, la de un calendario público de Google— y se actualizan cuando pides la sincronización. Conviene decirlo claro: es de solo lectura. MailHub no crea ni edita eventos, y no hay invitaciones ni confirmación de asistencia; para eso sigues usando tu calendario de siempre.
La agenda se va formando con quien ya te escribe, así que empieza poblada en lugar de vacía. Sobre esa base puedes crear fichas a mano, marcar favoritos y ordenarlas; y al redactar, el autocompletado funciona en los campos de destinatario, con copia y con copia oculta.
Piensa en un espacio de trabajo como una caja con su propio contenido. Dentro van las cuentas de correo, los contactos y las personas que trabajan con ellas. Lo que hay en una caja no aparece en otra, así que puedes tener tu correo personal en una y el de tu equipo en otra sin que se mezclen.
Puedes estar en varias a la vez y cambiar de una a otra con un clic, sin cerrar sesión. Y aquí está lo importante: estar dentro de una caja no te da acceso a todo lo que contiene. Cada cuenta se comparte de una en una, y quien administra el espacio decide cuáles. Así, alguien puede trabajar contigo en un proyecto sin ver el resto de tu correo.
Hay tres papeles y son fáciles de recordar: quien creó el espacio, quien lo administra —añade personas y decide qué se comparte— y quien participa, que usa lo que le han compartido.
Concentrar varias cuentas en una sola aplicación es cómodo y, a la vez, es más responsabilidad. La respuesta no es pedirte confianza, sino darte controles que puedas usar y comprobar.
El acceso se protege con verificación en dos pasos mediante una aplicación autenticadora, más ocho códigos de recuperación de un solo uso para que perder el teléfono no signifique perder la cuenta. Puedes revisar las sesiones abiertas con su dispositivo, su origen y su ubicación aproximada, y cerrar cualquiera que no reconozcas sin tener que cambiar la contraseña. Los cambios delicados —contraseña y segundo factor— piden una confirmación adicional antes de aplicarse.
Las credenciales de tus cuentas se guardan cifradas y no se muestran desde la interfaz, y los eventos de seguridad quedan registrados en el servidor.
Y si un mensaje tiene pinta de fraude, la aplicación te lo avisa al abrirlo. Lo decide mirando lo que cuenta el mensaje, no quién lo firma, porque un remitente puede ser auténtico y estar en manos de otra persona: que el correo salga de verdad de ese dominio no significa que lo haya escrito su dueño. El uso de las cuentas queda además bajo vigilancia: si se sale de lo razonable —demasiados envíos, muchos destinatarios nuevos, sincronizaciones seguidas—, quien administra el espacio recibe un aviso por correo sin tener que revisarlo a mano.
MailHub se pensó primero para el teléfono y después creció hacia el computador, no al revés. Eso significa que todo se reacomoda según el espacio que haya: en una pantalla estrecha el menú se guarda en un cajón que se abre y se cierra, la información importante se sube arriba y los botones se agrupan en un menú para que no se amontonen. En una pantalla grande todo eso se despliega y aprovecha el sitio. No son dos aplicaciones distintas: es la misma, colocada de otra manera.
También se adapta a ti. Si agrandas la letra en tu navegador, la interfaz crece contigo en lugar de romperse. Si prefieres no usar el ratón, se recorre entera con el teclado, las pestañas se cambian con las flechas y las ventanas se cierran con Escape. Si en tu sistema has pedido menos movimiento, la aplicación no anima nada. Y el texto se lee con claridad incluso en pantallas de poca calidad.
Lo que todavía no está
Es una beta privada. Esto es lo que hoy no vas a encontrar.
Es una pista, no un veredicto: se apoya en lo que comprobó tu proveedor al recibirlo, y solo aparece en las cuentas que MailHub lee de tu servidor.
No hay: un mensaje a medio escribir no se guarda, y si cierras el editor se pierde y hay que empezar de nuevo.
No: el mensaje sale por el servidor de tu cuenta, y la aplicación no añade ninguna copia a la carpeta de enviados.
No: el calendario es de solo lectura y no gestiona invitaciones ni confirmaciones; tampoco se sincroniza solo.
No: la agenda se forma con tu propio correo y se edita a mano, así que no hay ficheros de entrada ni de salida.
No: no hay respuestas modelo, ni notificaciones fuera de la aplicación, ni tema oscuro, ni atajos de teclado globales.
Si lo que buscabas era ordenar el correo de varias cuentas sin aprender cinco programas distintos, ya sabes qué hace MailHub y qué le falta. La beta es privada y el acceso se habilita con una invitación.